Estudio observa la estimulación cerebral profunda en pacientes bipolares

Un pequeño estudio sugiere que la estimulación cerebral profunda, que actualmente se investiga para el tratamiento de la depresión general, podría también ayudar a los pacientes de trastorno bipolar.

Hay algunas salvedades. La cirugía necesaria para permitir la estimulación cerebral profunda es extremadamente costosa. Y por ahora, la investigación es preliminar, así que es demasiado pronto para saber con seguridad si el tratamiento es adecuado para su uso en cualquier tipo de depresión.

Aún así, el estudio sugiere que la estimulación cerebral “no solo ayuda a los pacientes que no se han podido recuperar de la depresión, sino que parece asociarse con la ausencia de recaídas. No solo mejoran, sino que permanecen mejor”, señaló la coautora del estudio, la Dra. Mayberg, profesora de los departamentos de psiquiatría y ciencias conductuales y neurología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory en Atlanta.

En la estimulación cerebral profunda, los cirujanos insertan cables en el cerebro que permiten que una región específica reciba continuamente un pulso electrónico. El nivel de estimulación es controlado por un dispositivo parecido a un marcapasos que se implanta en el pecho.

Ya hace más de 20 años que la estimulación cerebral profunda está disponible, apuntó Mayberg, y se usa comúnmente para tratar la enfermedad de Parkinson. El costo de la cirugía es de unos $50,000 dólares.

Investigaciones anteriores de Mayberg y otros han sugerido que la estimulación cerebral profunda tiene potencial como tratamiento para la depresión. La compañía St. Jude Medical Neuromodulation, que proveyó honorarios por asesoría a Mayberg y algunos de los demás autores del estudio, recluta actualmente a pacientes para un estudio que podría preparar el camino para su aprobación como tratamiento para la depresión, comentó Mayberg.

El nuevo estudio, que aparece en la  revista Archives of General Psychiatry, comenzó con diez pacientes de depresión y siete de trastorno bipolar, una afección que provoca cambios severos en el estado de ánimo, y que también se conoce como trastorno maníaco depresivo. Todos recibieron estimulación cerebral profunda durante 24 semanas tras pasar cuatro semanas con o sin estimulación.

La mayoría de los pacientes siguieron recibiendo el tratamiento durante dos años, aunque los investigadores lo desactivaron temporalmente en tres de ellos como parte del estudio antes de darse cuenta de que hacerlo provocaba el regreso de la depresión.

Los investigadores hallaron que 18 por ciento de los pacientes entraron en remisión tras 24 semanas, y 36 por ciento (de 14 pacientes) después de un año. Después de dos años, de los doce pacientes que seguían en el estudio, siete (58 por ciento) estaban en remisión.

“El número de pacientes que mejoraron aumentó con el tiempo, pero el motivo no está muy claro”, dijo Mayberg. En general, la forma en que la estimulación cerebral profunda funciona sigue siendo un misterio, aunque Mayberg comentó que quizás lo haga al cambiar los ritmos del cerebro.

Anotó que los pacientes no sufrieron efectos secundarios.

¿Qué sigue?

El Dr. Collier, profesor asistente de psiquiatría del Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern en Austin, predijo que incluso si la estimulación cerebral profunda resulta ser un tratamiento eficaz para la depresión, distará mucho de ser la primera línea de defensa.

“Los fármacos y la TEC (terapia electroconvulsiva) son claramente más seguros, se toleran mejor y no conllevan un gran riesgo quirúrgico”, apuntó Collier. “No puedo pensar en un escenario en que la estimulación cerebral profunda se considere ni remotamente antes de que se agoten los fármacos y la TEC”.

Dijo que aún así es importante notar que “parecen lograr progresos, y esperamos que los que sufren más puedan hallar consuelo en esto y no renunciar a la esperanza”.

Por ahora, la investigación continúa. Si los pacientes están interesados en el tratamiento con estimulación cerebral profunda, deben intentar inscribirse en el estudio continuo, apuntó Mayberg.

– Helen S. Mayberg, M.D., professor, departments of psychiatry and behavioral sciences and neurology, Emory University School of Medicine, Atlanta; Samuel James Collier, M.D., assistant professor of psychiatry, University of Texas Southwestern Medical Center at Austin;  Archives of General Psychiatry.

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